Archivo del Autor: Dr. Erección

Lo que la academia no quiere que recordemos

Ya casi está todo a punto para que empiece, un año más, el desfile de vestidos y pajaritas por la alfombra roja del Teatro Kodak de Los Ángeles. Quizá sería una buena ocasión para hacer un repaso de los metrajes que optan a alguna de las candidaturas. Pero no voy a hacerlo. Voy a aprovechar para sacar del fondo del armario uno de los momentos más sonados de la historia de los Oscar, al que se han empeñado en dejar caer en el olvido sin que haga demasiado ruido.

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Unas notas sobre Toledo

En la Hispania visigoda (siglos VI-VII) Toledo es probablemente la ciudad más activa, junto con Mérida. Toledo era sede de la capitalidad del Regnum Visigothorum y por tanto punto central y aglutinador del poder. Es lógico, pues, imaginar una gran actividad generada por la presencia de un aparato civil, administrativo, regio y eclesiástico. Toledo, al convertirse en capital del reino visigodo, debió sufrir importantes remodelaciones desde finales del siglo VI, puesto que la presencia del rey, de la corte y de una alta jerarquía eclesiástica, debieron obligar a planificar la organización del tejido urbano. El acontecimiento clave de este periodo en Toledo es la celebración de su Tercer Concilio en el año 589. Este es el Concilio clave en la historia de Hispania en la Antigüedad tardía. El Rey Recaredo lo convocó. Asistieron un total de sesenta y dos obispos procedentes de diferentes sedes, además de cinco vicarios y algunos nobles. La solemne congregación, celebrada en alguna iglesia toledana, comienza con una intervención real el 5 de mayo del 589 y, después de tres días de ayuno y oración, el día 8 se abre la sesión única, con la lectura del Tomo regio y la suscripción del mismo por parte de Recaredo y su esposa, Baddo, en la que se acepta el credo católico. A continuación se produce la abjuración del arrianismo por parte del clero y nobleza visigodos. Vuelve a hablar el rey a los obispos, se confirman los cánones y, por último, Leandro de Sevilla pronuncia su homilía, verdadera pieza literaria y retórica.

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Cuando un “te quiero” es el peor de los castigos (atención: contiene spoiler)

Al final del barrio hay una pequeña colina. Arriba del todo, se alza un viejo caserón abandonado. En el jardín exterior, unas curiosas figuras nos observan; en el interior, viejas máquinas oxidadas, que hace ya tiempo dejaron de funcionar y, sobre todo, polvo y telarañas. Pero la casa no está tan vacía como se podría pensar. En esta mansión vive un hombre. Un hombre joven. Alguien muy poco corriente. Pero un buen hombre, al fin y al cabo. Un auténtico caballero. Un caballero fuera de lo común. Se llama Edward… y no está terminado. Tiene cuchillas en vez de manos. No, no, no; ¡atended! No tiene cuchillas en sus manos, sino cuchillas en vez de manos. Nunca conoció a nadie más que a su difunto creador. Y no conoce ningún otro lugar fuera de su casa y su jardín.

Pero “Avon llama” y todo está a punto de cambiar para Edward. Las casas de colores, las mangueras, las colchonetas de agua, los pijamas, las camisas, los pantalones de tirantes, los peluches, una casa preciosa, las barbacoas con los vecinos, extrañas bebidas, curiosas personas, gente amable, gente generosa, gente simpática, los setos del vecindario, ser el peluquero del barrio, ser el peluquero canino del barrio, ser el centro de atención, ser querido, ser aceptado, ser aclamado, ser reclamado, ser un héroe, tener familia, tener amigos, sentir, sentir alegría, sentir felicidad, la pureza, la inocencia………………….. Kim………………. las mentiras, los engaños, las burlas, que te señalen con el dedo, chismorreos, la calumnia, los prejuicios, la frustración, las alarmas, la policía, la confusión, la resignación, una casa destrozada, rasgar las cortinas, arañar las paredes, arañar el espejo, rasgar la camisa, rasgar los pantalones de tirantes, ser odiado, ser repudiado, ser perseguido, ser el diablo, gente perversa, gente malvada, gente mezquina, sentir, sentir envidia, sentir rabia, sentir miedo, sentir odio, no tener familia, no tener amigos, no tener a nadie.

Pero a pesar de todo, está Kim. Kim, que baila bajo la nieve que Edward ha traído consigo. Kim, que coloca las afiladas manos de Edward alrededor de ella con delicadeza. Kim, que descubre al ser maravilloso que hay detrás de las cicatrices. Kim, que ve la belleza y la inocencia donde los demás ven sólo miedo y peligro. Kim, que le salvará por amor. Kim, que con amor lo condenará.

Un romance que dura unos segundos. Un beso que apenas ha existido. Y un “te quiero” que sume en el más amargo de los sufrimientos.

¿Por qué, Edward? ¿Por qué has permitido que todo esto ocurriera?

Creo que ya lo entiendo, Edward. Lo hiciste, simplemente, porque ella te lo pidió…